Ego
y Alter Ego - Mundos íntimos y públicos
Curador: Lic. Jorge Figueroa |
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Javier
Juárez es un indecidible: no puede asegurarse que su
producción-iniciada hace una década- se ubique
en un sentido determinado; un sentido dado, previamente.
De repente dispara imágenes que exhiben su mundo personal
(abundan los autorretratos y retratos de familia; los amigos
y las chicas, y hasta su perrita Condesa se pueden observar
en centenares de registros) y sus universos íntimos
(desfilan aquí sus pasiones, vicios y “pecados”).
Pero
aquí o allá media o intermedia con la sociedad
en la que vive: su recorte de ella puede comprender desde
la muerte de un cantante popular hasta la represión
en la plaza de Mayo y la fuga de un presidente; imágenes
que oscilan entre supuestas banalidades (?) y conflictos en
los que se evidencian las relaciones de poder; escenas de
cine snuff. En lo que no parece haber dudas es en que abordan
problemáticas populares.
Indecidible, porque al igual que otros artistas, no se deja
capturar en las dos líneas de trabajo que desde los
años 90 a la fecha han marcado gran parte de la producción
artística argentina: aquella, de tipo contestataria,
de compromiso social explícito, y la otra, que subraya
un tono intimista y autorreferencial en sus planteos. En las
obras de Juárez están presentes ambas líneas;
si se quiere de un modo distinto, pero a la vez, aun desde
la ausencia expresa, si se coincide en restarle autoridad
a la presencia como tal; si se pudiera comprender que esa
presencia no es sino un conjunto de huellas, rastros, prorrogados,
diferidos.
Primera entrada:
Operaciones: captura de imágenes, apropiaciones
de los mass media; un dj, en términos como lo plantea
Nicolás Bourriaud, en cuanto selecciona, recorta, copia
y pega. Hay obras en las que, efectivamente, Javier Juárez
trabaja como en una isla de edición: no produce, sino
que postproduce, edita imágenes que otros crearon,
o al menos presentaron como propias. Pero, se sabe, en cada
texto habitan otros textos (la intertextualidad). Si finalmente
Bourriaud no hizo más que relacionar la teoría
del intertexto (Barthes, Kristeva o Derrida de los años
60 y primeros 70) en la actualidad de nuestro siglo; llamando
de nuevo, citando si se quiere, linkeando con los filósofos
postestructuralistas, en un escenario diferente, por supuesto;
¿puede dudarse de este diálogo?.
En algunos murales (obras realizadas en 2001 y 2002, “TV”)
integrados por decenas de fotografías, no existe una
narración ordenada: la realidad está planteada
de un modo caótico (¿habrá otro modo,
acaso, de presentarla?); la composición (componer es
poner orden) está desarticulada y está exhibida
como fragmentos, suficientes si se quiere, para tomar debida
cuenta de ella. Si es verdad que los medios desinforman cuando
igualan hechos trascendentes con otros que no lo son, al equiparlos;
cuando el poder se disimula en numerosos ejercicios de escrituras,
también es cierto que los murales de Javier Juárez
invitan a reflexionar sobre ese conjunto. Pero vale aquí
una precisión, o mejor dicho un interrogante, una duda.
¿Pueden considerarse estos imponentes paneles obra
política? ¿O tal vez, sean una exhibición
cínica de esa realidad?.
Operaciones:
en otros trabajos prepara cuidadosamente el escenario: diseña
una escenografía, planta sus actores y obtura su cámara.
En la serie de las “Barbies” (2000-2004), por
ejemplo, pequeños alumnos de humildes escuelas del
interior de la gran ciudad, posan ante él, delante
o a un costado del tradicional pizarrón, con sus característicos
guardapolvos pero con algún ícono de las ostentosas
chicas rubias del primer mundo; en otras obras, niños
con sus expresivos rostros cargados de pobreza portan orgullosos
la cajita feliz de MacDonald´s. ¿Denuncia o cinismo?
En un mundo donde no hay más que privaciones, escasez,
los símbolos de la riqueza están al orden del
día: el duro contraste está expuesto allí,
y sin expresionismo alguno. Juárez no necesita apelar
a otro recurso que no sea esa toma directa de sus actores,
y vale aclarar que no hay intervención digital en estas
fotografías. (“En la cultura del consumo y la
moda al servicio de vender, se alimentan fantasías
o deseos hacia falsos modelos. La utilización de este
estereotipo globalizado y su imposición en el mundo
a través de la publicidad, lleva implícita la
manipulación comercial de las emociones infantiles;
a la vez que genera usis y estilos de vida que, evidentemente,
contrastan con la realidad y costumbres locales”, reflexiona
el artista).
(Anotaciones al margen: en una serie de
fotografías (2001-2001) no expuestas en esta oportunidad,
el artista tomó el pulso día a día de
la city financiera de la ciudad de Tucumán: el Estado
provincial - y la mayoría de las empresas privadas-
pagaban con bonos los sueldos, los que se cotizaban en el
mercado negro; esta situación hizo proliferar las casas
de cambio que ofrecían distintos valores; retratos
de una timba financiera en la que la especulación devaluaba
los salarios. Juárez se limitaba a dar cuenta de los
fluctuantes precios que se ofrecían. En esta serie,
la operaciones se limitaban a una documentación; el
escenario, en tal caso, había sido preparado por y
para otros).
Segunda entrada:
Grabados, pinturas, fotografías, objetos,
instalaciones. Desde su época de estudiante Javier
Juárez oscila en la utilización de diferentes
lenguajes artísticos. En verdad, sus primeros pasos
pueden encontrarse en el grabado y en la pintura, pero es
imposible hallar en su archivo una pintura o un grabado planteada
de un modo tradicional. Aún hoy se ufana con una de
sus frases predilectas: “si de chiquito soy asi”.
(Una vez me confesó su casi obsesiva necesidad de modificar
su propio trabajo; por eso conozco que esta exposición
no le termina de cerrar, sino en los términos del curador).
Juárez comienza a exponer en 1994 en encuentros de
grabados y en 1996 obtiene su primer premio en el XX Salón
Spilimbergo, en el rubro grabado experimental. En 2005 obtiene
el II Salón de la UNT (una fotografía de la
serie de cajitas feliz) y ese mismo año el Cultural
Chandón (con “Sms”); en 1996, el premio
Coca Cola Light en la Feria de Arte Contemporáneo Arte-Ba
(un retrato de León Ferrari doble exposición
denominado “Enjoy”). Premios relevantes no le
faltan, como se ve; tampoco becas (Fundación Antorchas
y Fondo Nacional de las Artes).
En sus primeras incursiones en la fotografía (en la
serie erótica “Por-No-TV”, de 1998) se
apropia imágenes de la señal Venus, las que
lleva a primer plano, hasta saturarlas, exhibiendo -en blanco
y negro- los pixeles que la componen. (Alerta: ocurrió
la deconstrucción, en la composición se advierte
la misma escomposición): la pornografía se descarga,
se aliviana, por así decirlo: poco se distinguen las
acciones originales de la señal, porque el zoom (sí,
el zoom cuando todavía su uso no era generalizado)
las agiganta. La mirada se detiene en el granulado de la pantalla
y son los pixeles los que seducen; haciéndonos pasar
del placer de la acción hasta el voyeusimo pasivo,
la pornografía ha sido transformada: el texto inicial
de los mass media, intervenido, ha sido descargado en el archivo;
su sentido ha sido desplazado, diferido. “Sms”
(2005) replantea el propio lenguaje de los mensajes de texto
llevado a tecnología prácticamente cero.
En una reproducción elemental y hasta primitiva del
formato, Juárez intercambia sus mensajes privados y
los reproduce en la obra, a tono con los ringtones de los
Callejeros (grupo de rock censurado y prohibido después
de Crogmañón): mucho que leer en esa obra. Desde
la música, el intercambio de mensajes privados y su
contenido, hasta su mise en escéne. Es que de eso se
trata, de una puesta en escena, que para los franceses es
sinónimo de una instalación. Juárez interviene
en los recursos tecnológicos de su tiempo pero no para
celebrarlos, tal vez, sino para instalarlos en su confesión
de documento-comunicación; impugnando, si se quiere,
el dominio y control que ejerce la tecnología. La selección
de los mensajes hacen público detalles íntimos,
banales y triviales.
“E-mail”(2006) es una instalación que reproduce
correos electrónicos: pegados sencillamente sobre la
pared, hay copias sobre un estante que el público puede
llevar. Nuevamente, el artista interviene sobre comunicaciones
que constituyen las cadenas de mailings, pero en algunos casos
lo tienen como protagonista, y en otras se tratan de polémicas
ajenas; pero en todas, los conflictos tienen que ver con el
arte; si bien se ve, esta intervención se desarrolla
sobre el mismo circuito de circulación de la obra.
Una propuesta similar puede observarse en “Exit”
(2007). Una multitud de fotografías, de aquellas que
el artista registra entre sus amigos, y eventos, sirve para
integrar esta instalación. Componen en el espacio,
distribuidas sobre una pared, la palabra “exit”:
salida, en inglés, éxito en nuestro cotidiano
uso, por la aproximación en su sonido. ¿El éxito
es una salida? ¿La salida es éxito? El planteo
se complica más aún si “exit” se
traduce como salida, como “escape”, “huida”,
en definitiva.
Como señalé, la palabra está construida
por una multitud de fotografías; podrá advertirse,
entonces, que hay, al menos dos obras: la instalación
de la palabra y las fotografías observadas en particular;
dos lenguajes , en tal caso, la instalación y la fotografía.
Y demás está consignar, que cada una de esas
decenas de registros constituye una obra en particular.
“Colecciones Domésticas” (2005) exhibe
una colección de objetos banales: muñecos, souvenirs,
tarjetas; recuerdos de viajes, regalos de cumpleaños
proliferan ubicados en los diferentes estantes. “Chucherías”,
afirma Juárez. La obra tiene un origen que es necesario
puntualizar: se trata de la propia vitrina que el artista
tenía en su dormitorio, hasta que, (se le) ocurrió,
podía exponerla. Habla de Juárez, de su mundo
íntimo, de su privacidad. (así como en otros
trabajos su discurso registra un mundo de privaciones, en
otras, como en ésta, la mirada está puesta en
la privacidad). La palabra misma, privación/ privacidad
es trabajada en distintos sentidos; de su mundo privado, de
mundos privados. Las palabras y las cosas. Michel Foucault
dixit: Comment s' appelle les choses? Los géneros,
en todo caso, no son sino un principio de respuesta: necesarios
en un momento, inútiles en otro; provisorios en todo
caso. (En 1996, en el sótano de la Facultad de Artes
Juárez expuso un registro fotográfico de graffittis
de la ciudad, de connotaciones eróticas: en esa experiencia,
la herramienta se convierte en la misma mirada; es la cámara
la que detiene su vista en los graffittis. En 1997, en la
muestra “19 de Octubre”, escribí que su
obra suponía dos intervenciones: la primera, cuando
la fotografía, conceptualmente, se somete a criterios
de una obra plástica, por lo que se abandona su condición
de reproducción de la realidad –cuando se reproduce
una reproducción hay un cambio cualitativo, porque
el texto es esa reproducción de la reproducción
y no la reproducción-. Una segunda intervención
se observa cuando la propia fotografía es intervenida.
“19 de Octubre” se posiciona como un discurso
íntimo que indaga la identidad en el seno familiar,
pero alejado del narcisismo efectista que insiste en los primeros
planos del rostro autorretratado como una moda pretendidamente
dramática; utiliza los colores del recuerdo, el blanco
y el negro. Estos trabajos se inscriben en la serie “Re-Construcciones”,
“Familia bien constituida” y “Si de chiquito
soy así”. En “El placer de Juárez”
(1999) la instalación fotográfica se ubica a
modo de frisos o guardas en las paredes del Centro Cultural
Virla. Hay una expresa deconstrucción entre lo claro
y lo oscuro, lo obvio y evidente y lo oculto. En esa dirección,
el descentramiento de la imagen, el fuera de foco es relevante;
el encuadre del cuadro se enfrenta, luego, al desencuadre
de la imagen y de la cámara. La imagen de una escultura
clásica puede ocupar el fragmento de un amplio cielo
azul. En su posterior captura de imágenes, deben marcarse
las siguientes operaciones: cuando fotografía imágenes
de la televisión y del cine, detiene el movimiento,
y hay una triple reproducción, porque es una reproducción
que reproduce otra reproducción).
Javier Juárez es uno de los artistas decisivos, desde
los últimos años 90 en adelante, en el camino
de que la fotografía pase de estar incorporada a la
obra (primer momento), a ser un registro de ella (fotoperformance,
segundo momento) a ser una obra misma (tercer momento).
“El arte es como un slogan publicitario. Para lo demás
está mastercard. Enjoy” escribe en la muestra
colectiva “Textos de artistas” (2006). La convocatoria
a una docena de artistas buscaba explorar referencias, evocaciones,
definiciones y asociaciones sobre la palabra arte y plantearlo
como una instalación de textos escritos sobre la pared.
“El arte es como un slogan publicitario. Para lo demás
está mastercard. Enjoy” es una frase ingeniosa,
pero más allá del alto impacto que posee su
sola lectura, hay planos de análisis que interesa subrayar.
Como en otras oportunidades, se trata de una operación
de apropiación: Juárez incursiona en el mundo
de la propia publicidad para capturar su texto que habla de
la publicidad; advertimos una operación tautológica,
es claro (con un slogan publicitario se afirma otro slogan
publicitario). Pero, además, con audacia deconstruye
un par opuesto: arte/publicidad; para hablar del arte recurre
a la publicidad. ¿No se tratan acaso, en la consideración
social de mundos opuestos, antagónicos? El arte, como
una expresión sublimada y dueño del desinterés
estético, una manifestación elevada del espíritu;
la publicidad, por el contrario, sometida a los mezquinos
intereses del mercado; una herramienta dirigida a posibilitar
la compraventa de las mercancías.
Que se conozca, fue Andy Warhol uno de los primeros artistas
en relacionar ambos mundos: en su factoría, la publicidad
y el arte marchaban paralelos; sus obras funcionaban como
productos; diseño, publicidad y arte no se trataban
como opuestos. Y se ha escrito la palabra “funcionar”,
casi como naturalidad, tal vez porque uno de los interrogantes
en estos tiempos no sea qué es el arte, sino cómo
funciona la obra de arte.
En el texto escrito por Juárez, arte/publicidad son
términos que están deconstruidos, no funcionan
como opuestos, uno no está jerarquizado en relación
al otro. Y para concluir está “Enyoy”,
la palabra quizá más exacta para representar
el cinismo señalado líneas arriba. ¿Qué
expresa “Enyoy”? ¿Disfruta qué?,
¿el arte, la publicidad, o ambas, o ninguna de las
dos?. “Enyoy” no es una palabra indecidible, en
cuanto no tiene, en sí misma un valor doble-siguiendo
en este caso el planteo de Derrida-, pero sí lo es
en cuanto al sentido que el artista parece proponer. Coca
Cola light es enyoy, pero en la doble exposición fotográfica
se encuentra el retrato de León Ferrari, sonriendo
(Cuenta Juárez que una noche en Buenos Aires encontró
en la calle Reconquista a Ferrari, y le preguntó: “Maestro,
¿le tomo una foto?. Interpreté su sonrisa como
un ok.) Y es aquí donde el cinismo se ha transformado
en ironía. En este país o en el mundo ¿alguién
podría relacionar a León Ferrari con cualquier
objeto o sustancia light?
La producción artística de Javier Juárez
puede leerse, también, a través de entradas
en ciertas palabras; en su caso, los títulos de sus
obras no son datos menores: exit, enyoy, e-mail, sms, doguitas
punk, barbies, cambiar, no cambio nada. Juárez flashea
en el mundo: desea y es deseado, seduce y es seducido; a veces
se las toma con su círculo íntimo, en otras,
opta por dársela con una realidad; oscila, es verdad,
pero en rigor, debe señalarse, nada le es ajeno; uno
y otro mundo le pertenecen, y por derecho propio. El título
“Ego” no es ninguna casualidad, no es azar, no
es un mero título.
Por Jorge Figueroa
Catalogo de Exposición: Ego Alter
Ego :: Mundos íntimos y públicos.
Artista: Javier Juárez
Curador: Lic. Jorge Figueroa
Lugar de Exposición: Fondo Nacional
de las Artes :: Buenos Aires :: Argentina
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